Tus manos frías en mi cara
mientras cierro los ojos fuerte fuerte,
hasta verte.
Sí, con los ojos cerrados,
pero con mi corazón de par en par.
No hay palabras,
ni sentimiento posible
para poder expresar un amor así.
CASI perfecto.
viernes, diciembre 30, 2011
Et sudain, tout le monde me manque. III (Lettres que j'ai écrit pour lui)
Vida mía:
Por Siempre.
De nuevo no puedo dormir. A lo mejor es porque tengo tantas palabras atoradas en los dedos como para conciliar el sueño. Se ha hecho una necesidad el escribirte cartas nocturnas, con enmendaduras (porque sabes que me encanta escribir en la oscuridad) y una que otra quemadura de el cigarrillo que me fumo con tu fantasma.
Quería recordarte que tu embrujo sigue sobre mí. Tal vez más fuerte que nunca.
Te he dicho cuánto me gusta que me llames cuando estás trepado? y me dices que debería estar allí. Siempre debería estar allí, junto a ti. Con mis dedos entre tu pelo dorado, mientras besas mi ojo derecho. No puedo esperar a volver a verte y abrazarte por siempre.
Por Siempre.
Et soudain, tout le monde me manque. IV
Y mientras tanto esa comezón que me daba cuando pasaba mucho tiempo lejos de él, volvía. Después de tanto tiempo, de tantas personas y recuerdos, su fantasma regresaba a embrujar mis noches. Y ese mareo literario que pensé había olvidado entraba por mi ventana cada noche, como cuando él seguía aquí.
Pasaba noches, madrugadas enteras dedicándole pedazos de mi alma entintados. Aunque él nunca lo supo, dudo que tuviera siquiera la vaga sospecha de que pasaba la mayoría de mis noches escribiéndole hasta que se me ampollaban los dedos.
Siempre fui lo suficientemente cobarde como para no mandarle las 72 cartas que le escribí. Pero sí lo suficientemente valiente como para escaparme a media noche para verlo sólo a él.
El amor adolescente...
Pasaba noches, madrugadas enteras dedicándole pedazos de mi alma entintados. Aunque él nunca lo supo, dudo que tuviera siquiera la vaga sospecha de que pasaba la mayoría de mis noches escribiéndole hasta que se me ampollaban los dedos.
Siempre fui lo suficientemente cobarde como para no mandarle las 72 cartas que le escribí. Pero sí lo suficientemente valiente como para escaparme a media noche para verlo sólo a él.
El amor adolescente...
Et sudain, tout le monde me manque. XIX (Lettres que j'ai écrit pour lui)
Cielo:
Gracias por hacerme vivir. Sentir que te tengo, no por siempre, pero por ahora, es el más maravillo sentir. Es como si mil luciérnagas... no, un millón de luciérnagas revolotearan dentro de mi cabeza haciendo que te escriba, incoherencias sobre todo, pero a ti. A ti mi cachito de paraíso.
Quiero que anoche se repita por siempre. Y digo por siempre, porque aunque no crea en su significado, a tu lado me he acostumbrado a repetirlo.. por siempre.. Por Siempre.. POR SIEMPRE.
Creo que es porque contigo es el único lugar donde creo de verdad en un por siempre.
Te adoro.
jueves, diciembre 22, 2011
Et sudain, tout le monde me manque. XII (Lettres que j'ai écrit pour lui)
Vida mía:
Fué a costa de mis principios empezar a salir contigo, importandome un bledo si un día amanecía en medio de un campo industrial a las afueras de la cola del diablo, o a la orilla del mar con agua en mis pulmones.
A veces creo que son tus ojos, irradian esa luz que como polilla voy siguiendo como si debajo de algún hechizo estuviera, atontada.
O a lo mejor, sólo son las drogas.
Total, creo que me embrujaste a tal punto que ya no sé ni cómo me llamo. Pero sabes que eso es lo que menos me importa, porque cuando estoy contigo mi nombre es lo de menos.
Deberías estar aquí.
Et soudain, tout le monde me manque. I et II
No lo podía creer. No lo podía creer, y me preguntaba si en algún momento, en el fondo había esperado que algo así me ocurriera con él. El recuerdo que había guardado de él, de los días felices, pero felices a mi modo, estaba en algún bolsillo, doblado, talvez arrugado de las esquinas. Y nunca esperaba volver a desplegarlo para sonreírle, y menos para llorarle. Pero el trozo de soñador que aún quedaba en mí, y que había creido firmemente, intermitentemente, que de todos modos me lo iba a volver a encontrar, me guiñaba el ojo, y hacía una extraña mueca a fin de recordármelo. Claro, reconozco haber pasado largas temporadas sin recordarle conscientemente, sin pensarle como algo que fuera necesario, pero también recuerdo las largas caminatas por aquella calle, de como le conocí entre tantos "amigo del amigo" que pareció casualidad.
Y ahora que lo pienso, a lo mejor escribí aquel cuento llevada por la vaga esperanza de que que algún día lo leyera por todo lo que decía sobre él. En efecto, lo escribí como una vaga, improbable manera de llamarlo, de buscarlo. En el caso de que siguiera siendo el mismo de antes.Y digo el mismo, porque no había esperado todos esos años para encontrarme con un rostro familiar, pero con un alma desfigurada. No quería volver a tener que acostumbrarme a su forma, me gustaba tal y como era, un polígono irregular que le encontraba lugar en alguna pintura de Miró. Es por esa misma razón que aquel otoño impertinente en el que tuvimos que mirarnos la nuca mientras caminabamos lejos el uno del otro, le regalé una litografía de "Personajes en presencia de una metamorfosis.". Talvez como pesagio de que los dos ibamos a sacar alas y petender volar.
Nunca le dije que me gustaban las pinturas de Miró porque me gustaba jugar a encontrar esa forma que tanto me gustaba.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)