El pasado, el presente, sin futuro.

miércoles, junio 27, 2012

Miércoles

A veces quisiera olvidarlo todo, absolutamente todo. Olvidar es un arte. Olvidar es una enfermedad. Olvidar es el todo y la nada. El todo porque cuando pasa, se come todo, se come a las personas, se come la vida. También es nada, porque no deja algo, no deja rastro, solo borra, hasta dejar vacío el lugar. Olvidar es un acto de rebeldía, es un acto peligroso, es como jugar al trampolín y no tener el seguro puesto pero, ¿Qué importa al final?

Quiero recordarlo todo también. Recordar también es un arte, muy diferente al del olvido, recordar requiere delicadeza y requiere concentración, requiere que seas meticuloso, honesto, sincero y bondadoso, recordar es más difícil que olvidar, porque recordamos muchas cosas que lastiman. Recordar es amarrarse a un pasado, a una historia, misma que muchas veces es contada por diferentes narradores. Es tan difícil. Recordar lo que te has prometido olvidar es un suicidio, pero es más terrible olvidar todo lo que siempre quisiste recordar. Duele tanto que preferís olvidar por completo y eso pasa nunca.
¿Cuál es la prioridad de los recuerdos? A veces me pregunto si la cabeza lo hará con algún propósito en específico, por ejemplo, mi mamá no se acuerda de su infancia, pero recuerda todo lo que involucra a mi abuela, y es extraño porque hay cosas de su infancia que envuelven a mi abuela, pero en sí, su infancia pasa a segundo plano, no es su historia es la historia de alguien más y le es más fácil recordar así, es como la química del sueño también; una sustancia creada para crear otra, no es directa, pero es totalmente proporcional al contenido diario que se recibe en la vida real. ¿Cuál es la prioridad de los recuerdos? Sigo preguntando mucho.

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